domingo, 25 de abril de 2010

Un cambio, un lugar y un libro

El año pasado asumí la ardua tarea de escribir un libro, no tenía muy clara la trama, pero sabía de qué se trataría y en dónde ocurriría: sería de amor y la historia se desarrollaría en la tierra que me crió cuando era pequeño.
Mis padres y sus familias son oriundos del Durazno y Peralillo, dos pueblos del Valle del Elqui. Los primeros 10 años de mi vida los pasé entre La Serena y los constantes viajes de fin de semana y vacaciones a esta tierra. Me crié jugando con barro y bichos, corriendo entre los árboles de paltas y lúcumas, saltando canales de agua, jugando con mis
primos a la escondida entre las plantaciones de la estación, comiendo uva bajo el parrón, corriendo con los perros por la calle, yendo a la iglesia del pueblo, bañándome en el río y queriendo a la tierra. Durante aquellos años todo era juego, risa y lágrimas de rodillas heridas, el cansancio al final de la noche, despertar con pan amasado en la mañana y los pasos de mi abuela rondando la casa a las 5:30 de la madrugada. Pero siempre hay una etapa de cambio y de transito. Cuando cumplí 11 años nos tuvimos que mudar a Quilpué, una ciudad que queda a 6 horas de Vicuña, 5 de La Serena, a 2 horas aproximadas de Santiago y a 20 minutos de Viña del Mar. No fue fácil dejar la tranquilidad y la cercanía con toda la parentela de la ciudad colonial de la cuarta región, para venirnos a un lugar que en un principio encontramos desordenado y ajeno.
Ya han pasado 9 años de eso y seguimos en la región de Valparaiso, pero han sucedido muchas cosas entre medio. Ahora hay un enlace especial con la ciudad de mi adolescencia, con los colegios en donde he estado, con los amigos que se han hecho y por supuesto con el amor. Con el amor, tu mundo cambia, la forma de ver la vida, de pensar, hasta la forma de respirar cambia. Pero más allá de todo lo bueno que me sigue sucediendo en la región porteña, el cuerpo sigue llamando a sus raíces. Cuando se está alejado, se sigue añorando respirar el aire limpio del campo o ver los cielos completamente estrellados del valle. Es por eso que una vez al año, gran parte de mi familia que está dispersa por Chile, hace el intento de volver para reencontrarse, es por eso que decidí basar mi libro en aquel lugar mágico, en donde puedo encontrar sentimientos pasados, lugares secretos, enigmas del campo; en donde los cerros son de colores, el cielo siempre es limpio y la tierra se mezcla con la piel de la gente; en donde se queda una parte de mi corazón cada vez que tengo que volver a la ciudad y a la realidad.

lunes, 19 de abril de 2010

El Terremoto en Chile y nuestra "Oscuridad Desprevenida"

Luego de no haber escrito nada hace mucho tiempo, y saliéndome completamente de lo que suelo redactar, me gustaría plantearles una pregunta que me quedó dando vueltas sobre un hecho que ocurrió casi tres semanas después del terremoto en mi país, y tiene relación con un apagón que cubrió a casi todo el territorio Chileno, y que en el mundo se vio como "Chile's Blackout":
¿Cómo es posible que un servicio interconectado le brinde energía a las regiones más separadas del epicentro de la catástrofe, durante el terremoto, y en el corte sucedido el pasado 14 de marzo, haya dejado sin luz a casi todo el país?
Sin hacer una gran análisis, es evidente que las pérdidas monetarias, debido a producciones detenidas, y la delincuencia son solo algunas consecuencias de este tipo de sucesos no naturales, desprevenidos y provocados por personas. A su ves, motivo de lo anterior nacen otros cuestionamientos: ¿dónde están los sistemas de emergencia?, ¿debemos esperar a que ocurran cosas peores para actuar? o ¿debemos intentar anteponernos a los problemas, creando posibles soluciones?
Eventos como el ocurrido nos demuestran fallas y faltas en nuestro cultura, dejando en manifiesto nuestras debilidades. Si queremos, en algún momento, pasar a ser un país "desarrollado" debe haber un cambio de hábitos, es necesaria una cultura proactiva, que piense en un futuro sustentable, o si no, seguiremos sumergidos en un mundo sin respuestas, sumidos en una continua oscuridad desprevenida.